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www.davidpastor.net
Producción
musical: David Pastor y Santi Navalón
Producción ejecutiva: David Pastor y Ximo
Tebar
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01 |
Skylark
H. Carmichael (arr. J. L. Granell) |
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02 |
Fabes
Contades D. Pastor (arr. F. Capella) |
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03 |
Homenaje
S. Navalón (arr. S. Navalón) |
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04 |
November
in Madrid D. Pastor (arr. J. E. Vila) |
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05 |
Reflexe
D. Pastor (arr. F. Capella) |
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06 |
Nature
Boy E. Ahbetz (arr. J. Santandreu) |
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07 |
Bolero
Agulló J. E. Vila (arr. J. E. Vila) |
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08 |
Pajarito
A. Manzanero (arr. S. Navalón) |
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09 |
Blue
and Brokenhearted L. Handman (arr. F. Capella) |
David
Pastor Trompeta, Flugelhorn
Donald Harrison Saxo Alto en 8
Francesc Capella Piano en 2, 5, 6, 7
y 9
Santi Navalón Piano en 1, 3 y
8
Albert Palau Piano en 4
Freddy Solves Hammond en 7
Joan Eloi Vila Guitarra en 4, 7 y 9
Tom Warburton Contrabajo en 1, 2, 3,
5, 6, 7 y 9
Ángel Blázquez Bajo en
4
Pedro Alarcón Contrabajo en 8
Esteve Pi Batería en 1, 2, 3,
5, 6, 7 y 9
Toni Pagès Batería y perc.
en 4
Ocie Davis Batería en 8
Ensemble de Cordes Palau:
Stringworks
es un disco eminentemente hermoso, pero nada superficial.
La belleza también puede ser profunda; las sucesivas
escuchas lo confirman.
Trompeta
con corazón
La
segunda grabación del trompetista David Pastor
contrasta vivamente con su debut, Introducing, fechado
en 2001. Si entonces se mostraba como un improvisador
aguerrido y aventurero, en esta ocasión ha optado
por poner el acento en su vena lírica. Quien haya
seguido de cerca su carrera no se sorprenderá con
este giro, porque Pastor siempre ha cultivado la doble
faceta poderosa y tierna tan propia de su instrumento.
Pero aquí el trompetista no se limita a mostrar
sus aptitudes melódicas, sino que lo hace secundado
por una sección de cuerdas, fórmula compleja
y arriesgada que suele reservarse para ocasiones muy especiales.
Para satisfacción del oyente, el riesgo ha valido
la pena y Pastor sale airoso de la prueba.
El
acompañamiento de cuerdas ha tentado a jazzistas
de todo tipo, ya fuera su estilo clásico, moderno
o vanguardista. Son célebres los discos de Clifford
Brown y Charlie Parker, pero también probaron fortuna
Roy Eldridge, Phineas Newborn, Stan Getz, Art Pepper y
un largo etcétera. Entre los más recientes,
los trompetistas Wynton Marsalis y Terence Blanchard,
junto a Joe Lovano, Charlie Haden, Steve Kuhn o David
S. Ware, este último campeón del free jazz.
El conjunto incluye experiencias desafortunadas junto
a otras exitosas; hace ya tiempo que los violines son
algo más que una fórmula para suavizar la
música de jazz, como lo fueron el algún
momento, y pueden abrir puertas a sonoridades y planteamientos
formales muy atractivos, donde la suntuosidad ocupa un
lugar importante sin trivializar necesariamente el resultado.
Uno
de los hallazgos de este disco es precisamente la combinación
de diferentes tratamientos que demuestran la versatilidad
de la orquesta de cuerda, a cargo de arreglistas que además
participan como intérpretes o de otros que cuentan
entre lo mejor de la escena valenciana. Por ejemplo, las
baladas "Skylark" y "Nature Boy" contienen
los momentos más abiertamente románticos
de Stringworks; pero en el dinámico “Fabes
contades” (que podría haber firmado Freddie
Hubbard) las cuerdas entran en el juego de los riffs y
las respuestas audaces a la manera de una sección
de viento, y en "November in Madrid" o "Bolero
Agulló" vemos cómo pueden intervenir
en orquestaciones latinas sin convertirse en un ingrediente
edulcorante. La calidad de todas estas orquestaciones
refleja la de sus propios autores, que muestran una envidiable
soltura y conocimiento del medio.
Otro
aspecto importante de Stringworks es que Pastor no se
reserva el lucimiento exclusivo. Al contrario de lo que
sucede en este tipo de discos, a veces un poco narcisistas,
él ha querido contar con la colaboración
de estupendos solistas como Francesc Capella, Albert Palau
(que tiene un mano a mano con el jefe al final de "November
in Madrid"), Joan Eloi Vila, Tom Warburton y un invitado
tan especial como el saxofonista Donald Harrison en la
preciosa "Pajarito". Pero finalmente es su trompeta
pletórica la que domina el conjunto, con la seguridad
y el aplomo propios de un veterano. David Pastor ha madurado
en una dirección que le permite hacer que lo difícil
parezca fácil, y que cualquier melodía improvisada,
por intrincada que sea, responda a una aplastante lógica
de armonía y equilibrio. Es bonito que decida cerrar
el disco con el standard "Blue and brokenhearted",
inesperado saludo a Wild Bill Davison, a quien Pastor
(fogueado en orquestas de dixieland) demuestra conocer
y admirar. El viejo Armstrong y sus discípulos,
como Davison, sabían que a veces el jazz es sencillamente
un modo de acariciar las melodías, y su joven colega
les da aquí la razón. Este es un disco eminentemente
hermoso, pero nada superficial. La belleza también
puede ser profunda; las sucesivas escuchas lo confirman.
Jorge
García
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