recorded
and mixed by vicente sabater at millenia studios
(valencia) november, 14-15, 2005 and victoria
studios (new york) december, 20-21, 2005
Referencia:
OMIX 05017 CD
Depósito Legal: V-5315-2005
Bar-Code:
8437003654152
P
& C 2005 Omix Records. www.omixrecords.com.
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public performanceand broadcasting of this record
prohibited.
Ricardo
belda,
piano,
Joan Soler, guitarra, Luis llario contrabajo,
D onald Edwards, batería Ester Andujar, vocals (El Fin)
produced
by ximo tebar
LINER
NOTES, PRESS & QUOTES
El
pianista By
Enrique Monfort (Notas CD "El Principio")
Ricardo
Belda es, para muchos músicos de jazz valencianos,
simplemente, el pianista. Fogueado y curtido a la
luz de las bombillas de todos los clubes locales que
han retenido entre sus paredes algo de jazz, no es
esta la primera muestra de su catálogo fonográfico.
En su haber cuenta ya con un importante número
de colaboraciones como sideman, y dos bellos discos
como líder, Habitación blanca (1990)
con un joven Belda que apuntaba mucho talento como
pianista de jazz y como compositor, y My Ideal (2003),
ofreciendo una pausada relectura a algunos de sus
standards fetiche, esos que le han acompañado
siempre en sus a veces demasiado recónditas
actuaciones. Ahora ha decidido ir un paso más
allá y mostrarnos a todos su capacidad como
compositor. El principio es el sorprendente y alentador
resultado que demuestra la capacidad de Belda de reinventarse
a sí mismo (sin traicionarse a sí mismo)
hasta el punto de dar al disco semejante título.
Particularmente sorpresivo para uno de nuestros jazzmen
de más largo recorrido.
No hay mentira en que este disco tiene algo (por no
decir mucho) de principio. No sabemos indicar si se
trata de una evolución, o una excursión
por un género (por una onda, como él
mismo afirma) al que Belda no nos tenía acostumbrados.
Aquellos que han tenido la ocasión de disfrutar
de un concierto de este pianista sabrán que
Ricardo es una auténtica enciclopedia jazzística.
Un auténtico todoterreno capaz de hacer paladear
al público cualquier interpretación
de standards con una equilibrada mezcla de elegancia,
sofisticación y creatividad. No en vano, es
uno de los pianistas más demandados por los
artistas internacionales que visitan España.
Por ello, seguramente, muchos se pueden sentir sorprendidos
por este desvío en su trayectoria musical.
El paseo, si lo es, sirve, en cualquier caso, para
confirmar su capacidad camaleónica y redescubrir
la riqueza expresiva de Belda, un pianista, ahora
(y además), expansivo que nos deja un disco
repleto de frescura. Nada menos que ocho temas inéditos
que jalonan una revisada al alza versión de
Well you needn’t de, (es cierto) como no, Thelonius
Monk, único guiño de Belda a su bien
nutrido repertorio, digno de la tratadística
musical.
Buena parte de ese haber conviene también atribuírselo
al guitarrista Joan Soler, otro de los jazzistas totémicos
de Valencia y pionero indiscutible del jazz local.
Su aportación, tan temperada como en él
es habitual, es decisiva para dotar al disco de solidez
y cohesión. La compenetración entre
ambos artistas, connatural en una relación
tan prolongada y fructífera, ha sido asimismo
la clave de bóveda para este edificio sonoro.
Inédito, sin embargo, es el baterista Donald
Edwards, uno de los muchos músicos que han
cruzado el puente entre Nueva York y Valencia que
ha construido Omix Records. Un tipo versátil
que se ha integrado bien en el espíritu del
proyecto y que parece, por tanto, tan vernáculo
como cualquiera de los otros miembros del grupo y
formar parte del imperio musical de Belda desde hace
tanto tiempo como Felipe Cucciardi, el batero habitual
de las sesiones del pianista. Junto a Lluis Llario,
los tres músicos conforman uno de los tríos
históricos del jazz valenciano, felizmente
ampliado a cuarteto para la ocasión. Unos músicos
tan irreprochables como su líder que, en este
disco también, hacen de la eficacia una forma
de arte. Véase al respecto el fenomenal solo
de Llario en Tete, imprescindible homenaje al gran
maestro, o el progresivo acompañamiento de
Edwards en la obra monkiana.
El principio, en resumen, es un hito en su sentido
más geográfico. Un lugar al que Ricardo
Belda quería subir para observar un nuevo horizonte
en su carrera, un mojón que indica un punto
quilométrico peculiar en una carrera que se
pierde en la distancia. No es posible adivinar si
El fin, pieza que casi concluye el disco será
precisamente eso o sólo, como apunta el propio
Belda, un nuevo principio, un nuevo desvío,
una nueva ruta que empieza al comienzo de este final,
nunca mejor dicho, incierto. En todo caso, el mejor
consejo es, como siempre, disfrutar a tope del viaje.